martes, 14 de abril de 2009


Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis a dónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarriLlo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.

Joaquin Sabina

lunes, 13 de abril de 2009

Tatuaje tradicional del mar Pacífico


El arte del tatuaje estaba reglamentado mediante estrictas leyes y sólo podía ser practicado por maestros de reconocido ascendiente social, que algunas veces también actuaban como guías espirituales. Tradicionalmente, el tatuaje se realizaba usando una herramienta afilada y tinta indeleble oscura, hecha a base de cenizas de cáscara de coco mezclada con aceite de coco o agua caliente. Las herramientas para punzar la piel eran huesos o dientes de animales (por ejemplo de tiburón), conchas de mar o pedazos de caparazón de tortuga. El proceso de tatuaje era muy doloroso y mientras se realizaba, el tatuador y sus asistentes entonaban cánticos rituales. Como parte del ritual, cada gota de sangre se limpiaba rápidamente para evitar que cayera al suelo.

En la cultura de las islas Marquesas el arte del tatuaje se expresa entre los hombres a través de formas geométricas que llegan a cubrir todo el cuerpo, incluyendo la cara y hasta la lengua. Las mujeres sólo se tatúan los hombros, la parte inferior de la espalda, las manos y el borde de los labios. La enorme variedad de diseños se relacionan con la naturaleza (animales como tortugas, tiburones, pájaros o iguanas; plantas como el bambú, la caña de azúcar, los cocoteros, etcétera) o con algunas leyendas o actividades como la pesca. Ciertas figuras denotaban identidades sociales: por ejemplo, sólo podía tatuarse una iguana en la cara una persona de rango social muy alto.

Para los maori de Nueva Zelanda el tatuaje también es esencial como signo de identidad cultural. En lengua maori, el tatuaje tradicional se conoce como moko y en términos formales se define a través de la simetría. Hasta principios del siglo XX, los hombres maori lucían tatuajes en la cara y en la parte baja del cuerpo, entre la cintura y las rodillas. Las mujeres se tatuaban alrededor de la boca y en el mentón. Los diseños típicos de los moko faciales de los hombres consistían en líneas paralelas de la nariz al mentón y sobre las cejas hacia las orejas. También adornaban sus mejillas, nariz, frente y mentón con diseños espirales o curvilíneos. La tradición maori considera los diseños del moko tan personales, que algunos hombres firmaban documentos con ellos. Asimismo, las esculturas de madera representando a los ancestros colocadas en sus casas de reunión también tienen su moko distintivo. Según la mitología maori, el tatuaje, el tejido y la escultura fueron entregados a los hombres por la diosa del Nacimiento. Por ello se establece que cada moko contiene un simbolismo de nacimiento-muerte que une a todos los seres humanos con sus ancestros.


Como ha sido costumbre en la iglesia Cristiana, cuando llegaban a una nueva cultura, borraban todo lo que tenía que ver con sus tradiciones para implantar las suyas propias. Y efectivamente lo primero que hicieron los misioneros religiosos al llegar a las islas del Pacífico fue prohibir terminantemente el tatuaje tradicional, con lo cual este arte fue olvidado durante cientos de años. Pero renació en la década de los años 80 del siglo XX y actualmente se practica con fuerza en todo el mundo, aunque las técnicas tradicionales sólo se usan en las islas del Pacífico, especialmente en Borneo, las islas Marquesas, Tahití y Hawaii.

domingo, 12 de abril de 2009

Amistad

No espero de ti la perfección, porque te respeto tal como eres, y no pretendo que no falles nunca, porque eres, como yo, un ser humano. No quiero saber todos tus secretos, se que eres una persona aparte. Ni que cubras todas mis necesidades; porque comprendo k tienes esperanzas y sueños propios. No pongo en duda tu fuerza, porque se lo lejos que as llegado, pero tampoco espero que tu lleves toda la carga, pues yo estoy aquí para llevarla contigo. No pido que conozcas todas las respuestas: se que habrá veces que tendras tantas dudas como yo. Solo te pido que me cuentes como amigo, como socio en los sueños y el futuro, como consuelo cuando necesites olvidar el mundo exterior.